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Atendiendo a criterios corológicos y fitosociológicos, la Unidad Natural de Páramos y Vegas del Sureste de Madrid pertenece a la provincia Castellano-maestrazgo-manchega, distrito Henaro-Tajuñense, siendo Bupleuro rigidi - Quercetum rotundifoliae sigmetum la serie dominante.


Del encinar que remata la serie (as. Bupleuro rigidi-Quercetum rotundifoliae) apenas si quedan buenos ejemplos, arrasado en su mayor parte por una prolongada explotación o eliminación con fines energéticos, agrícolas, pastorales o madereros. No obstante, en las zonas próximas a los bordes del páramo aún se localizan masas boscosas residuales en buen estado del encinar primitivo. El bosque natural potencial está dominado por la encina (Quercus ilex subsp. rotundifolia), prácticamente el único árbol existente, a excepción de algunos pies y tallares de pino carrasco (Pinus halepensis), especie favorecida por la mano del hombre. El enebro de miera (Juniperus oxycedrus) tiene un papel modestísimo, y no en todos los casos. Bajo la estructura forestal viven ciertas lianas: madreselvas como Lonicera implexa y Locinera hispanica y rubias (Rubia peregrina), más ciertas especies adaptadas. Lo más frecuente es encontrar una vegetación mixta de bosque y monte bajo -encinar y coscojar- donde junto a la encina y plantas de sombra se desarrollan los grandes arbustos de coscojar (as. Rhamno cocciferetum): la propia coscoja (Quercus coccifera), jazmín (Jasminum fruticans), espino negro (Rhamnus lycioides), efedras (Ephedra tragilis y E. major), torvisco (Daphne gnidium), etc.


Si bien más abundante que el encinar, ni siquiera el coscojar ocupa grandes extensiones. Lo normal es que la serie esté representanda por sus eslabones inferiores: matorrales y comunidades nitrófilas frecuentemente herbáceas. Sobre los suelos margosos y calizos son muy frecuentes las esplegueras (as. Lino-Salvietum) y espartales (as. Arrhenathero-Stipetum tenacisimae) y algo menos los romerales que acompañan a las esplegueras o se diferencian en asociación independiente (as. Gypsophilo-Centaureetum) y más raramente un chucarral (as. Thymo-Ononidetum). En el distrito Henaro-tajuñense existen amplias zonas margosas y yesíferas muy alteradas e influenciadas por la acción humana: la vegetación nitrófila que ocupa esos medios es muy especial y buena parte de ellos está relacionada con la vegetación semidesértica continental del valle del Ebro, y ambas con la euroasiática de la zona del mar Caspio y del Cáucaso.


Tal es el caso de los ontinares (as. Artemisio-Frankenietum reuteri), de los sisallares (as. Salsolo-peganetum harmalae), etc. Varias y muy evidentes -aunque solo sea por el tamaño y su proximidad al hombre- son también las comunidades de grandes cardos, en unos casos dominados por tobas (nombre común, para varias especies de Onopordon, por ejemplo, la asociación Carduo-Onopordetum nervosii; y en otras ocasiones con el Silybum marianum o cardo de María (as. Carduo-Silybetum mariani). Los pastizales anuales, diversificados en numerosas asociaciones, acompañan a estas asociaciones de acuerdo con las distintas condiciones ecológicas.

La vegetación riparia apenas si difiere en todo el sector, y corresponde a las clásicas olmedas, choperas y saucedas de la serie de suelos arcillosos ricos en bases. Como particularidad, hay que destacar la existencia, aunque muy localizada, de tarayales y de complejos de vegetación halófila que pueblan los valles cerrados y salinos del sector.


Los cultivos son, con todo, el paisaje vegetal más frecuente. Los cereales, para cuya producción es apropiado el territorio de la serie de los encinares manchegos mesomediterráneos, son los más abundantes (trigo y cebada). Estos alternan en el ciclo de uso del suelo con cultivos estivales de girasol (Helianthus annums), melones (Cucumis melo), sandía (Citrullus lanatus), etc. Olivares y viñedos puros o en cultivo mixto con cereal también tienen una presencia importante en el territorio.


En los cultivos no todo está plantado o sembrado por el hombre, al menos intencionadamente. Un cortejo de especialistas adaptados a los suelos removidos, a las altas tasas de nitratos y al laboreo periódico que exigen las especies productivas aprovecha estos medios ecológicos, constituyendo comunidades muy precisas. La amapola (Papaver rhoeas), el ababol morado (Roemeria hybrida) e Hypecoum grandifolium e H. pendulum son los elementos más vistosos y coloristas en la asociación Roemerio-Hypecoetum penduli. La amapola sale frecuentemente de los cultivos a los bordes de las fincas o a los suelos removidos, formando parte de los herbazales ligeramente nitrófilos de las asociaciones Papaveri rhoeas-Diplotaxietum virgatae e londrabo auriculatae-Erucetum vesicariae. Durante el verano, bajo condiciones totalmente diferentes a las primaverales, después que las mieses han sido recogidas y las comunidades mesegueras han cumplido su ciclo y desaparecido, en los rastrojos o en los barbechos del año anterior queda un medio "vacío" sin competencia, que es aprovechado por la asociación Kickxio-Chrozophoretum cuya prosperidad estival en secarrales sin sombra alguna parece increíble.


Los suelos presentan constantemente altas proporciones de carbonato cálcico, sobrepasando frecuentemente el 50% y, por ello, un pH básico. A este respecto no se establecen diferencias notorias entre las calizas cenozoicas y las mesozoicas sedimentadas con muchos millones de años de diferencia. Por el contrario, las diferencias entre las evaporitas miocenas ricas en yesos y las margas y calizas ligeramente posteriores son notables. Los sulfatos cálcicos y magnésicos que componen los yesos representan, por su toxicidad, un medio apto solo para especialistas y una barrera que sólo atraviesan algunos vegetales adaptados (gipsófitos). Son gipsófitos: Gypsophila struthium, Centaurea hyssopifolia, Thymus aranjuezii, Herniaria fruticosa subsp. fruticosa, Launea resedifolia, Lepidium subulatum, etc.


Una de las peculiaridades más llamativas de la serie de encinares basófilos castellano-manchegos en el distrito Henaro-Tajuñense, es que cede paso en las cuestas excavadas por los ríos a la serie del rebollar (Cephalantero longifoliae - Quercetum fagineae sigmetum). Como ejemplo, baste citar la presencia de uno de los rebollares más excepcionales de la Comunidad de Madrid por su extensión, en las cuestas de umbría del Arroyo de La Vega. En este caso, el cambio a nivel forestal es sumamente espectacular, ya que el rebollar funciona a un ritmo semejante al del bosque eurosiberiano, que amarillea en otoño y permanece sin hojas durante el invierno y buena parte de la primavera. Los matorrales y pastizales que sustituyen al encinar y al rebollar manchegos no desentonan tanto. Acaso la presencia de rosas y zarzas y la rareza de coscojares como monte bajo de los rebollares sea la más destacada.


Los suelos húmedos de los fondos de valle, tampoco son favorables a la serie de los encinares manchegos y se ven, logicamente, desplazados por la serie de los suelos de vega, arcillosos, ricos en bases (olmedas, choperas y saucedas). En circunstancias especiales, la acumulación de arrastres y desarrollo de suelos profundos con mayor humedad al pie de monte pueden originar fenómenos de inversión con el rebollar.

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